Autora -Rosa Martínez

#SumarMujeres

Junto con el éxito de las confluencias, la segunda idea que más se repite en todos los análisis de las pasadas elecciones municipales y autonómicas es el papel de las mujeres, el protagonismo y liderazgo de grandes vencedoras como Manuela y Ada.

Los medios suelen fijarse siempre en figuras singulares, pero es de justicia reconocer el papel silencioso de muchas mujeres en los procesos de consenso. Las candidaturas ciudadanas articuladas de manera horizontal, transparente, en definitiva, con nuevos métodos de participación, han servido para que muchas mujeres dieran el paso hacia la política desde el activismo social.

Esto ya es un gran paso, pero no es suficiente. Es imprescindible que la creciente participación se traduzca en un mayor peso político de las mujeres. Necesitamos más voces de mujeres en el escenario público, que sean escuchadas, consideradas y respetadas por su criterio y su peso político.

Además del incremento cuantitativo y la consolidación de liderazgos femeninos, este proceso de feminización de las instituciones debe suponer un nuevo tiempo para la política que esperamos más participativa, más amable, más valiente, centrada en la vida porque:

  • Es una cuestión de democracia que la mitad de población esté proporcionalmente representada en los ámbitos de decisión.
  • Es urgente priorizar políticas feministas que aborden las estructuras que perpetúan a las mujeres como ciudadanas de segunda: más pobreza, menos poder, más violencia, menos derechos en definitiva
  • Porque mujeres llaman a mujeres, y los modelos y referentes son claves para animar a las mujeres a la participación y a que se perciba el espacio político como propio.

Es por tanto imprescindible #SumarMujeres al cambio, no como meras acompañantes en las listas, sino como actrices principales y caras visibles de la confluencia. Si aspiramos a romper la inercia de las políticas hechas de espalda a la ciudadanía, aspiremos a romper la inercia de que la política es cosa de hombres.

#SumarFuturo

La crisis y las medidas de austeridad han hecho mucho daño, especialmente en nuestro país. El aumento de la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la deuda ha afectado a millones de personas, pero han sido los grupos más vulnerables los que han pagado y siguen pagando la peor cara de la crisis y sus consecuencias. Y uno de los más golpeados es el de las y los jóvenes.

Las cifras de desempleo juvenil en nuestro país causan incredulidad en el resto de Europa: después de siete años desde el comienzo de la crisis, uno de cada dos jóvenes que buscan empleo activamente en nuestro país todavía no puede encontrarlo. No pueden encontrarlo, porque no lo hay: porque nos hacen falta estrategias de creación de empleo en sectores de innovación y futuro como son los sectores verdes. Sectores que podrían poner fin al exilio económico de nuestra juventud mejor formada, pero también al drama que cientos de miles de personas de menos de treinta y cinco años están viviendo hoy en nuestro país: sin trabajo, sin medios para estudiar y sin futuro en el horizonte. Hacen falta respuestas, y solo llegan buenas intenciones, que se están probando insuficientes.

Está claro que esas respuestas no vendrán solas y que necesitamos estructuras que permitan a las personas jóvenes participar, llevar a los ámbitos de decisión los problemas y ser parte activa en el diseño de las soluciones. El número de candidatas y candidatos jóvenes en las elecciones del pasado mayo ha sido un excelente indicador de que hay cosas que se mueven en política. Pero todavía nos falta camino por recorrer. Siguen faltando mecanismos que aseguren la igualdad de oportunidades, la independencia y la capacidad de elección de la juventud, para estudiar, emanciparse, trabajar, y vivir una vida digna e independiente. Que aseguren que no son, ni se convertirán jamás, en una generación perdida.

En EQUO, nuestro compromiso por la juventud ha sido hasta ahora un de nuestros pilares, y lo seguirá siendo. No podemos hablar de cambio sin jóvenes. Por eso quiero que hagamos una campaña en las generales para #SumarJuventud, para #SumarFuturo.

#SumarEnVerde

En EQUO tenemos la responsabilidad de que el cambio que estamos construyendo, también sume en verde. Esto debe ser una prioridad para #SumarAlCambio y tiene que estar encima de la mesa desde el inicio. Debemos, y así lo haremos, explicar y hacer pedagogía con el resto de fuerzas políticas que nos acompañarán en la aventura del cambio.

Cuándo hablamos de la necesidad de sumar a la confluencia las políticas verdes ¿a qué nos referimos exactamente? Pues principalmente a dos cuestiones: a introducir los límites del Planeta como una cuestión a tener en el diseño de nuestras políticas y el modelo de producción y consumo. La consecuencia de haber apostado por un crecimiento infinito en un planeta finito nos ha llevado en vivir en la actualidad una crisis ecológica que junto la crisis política, social y económica en parte de los grandes retos a los que nos enfrentamos como sociedad.

La crisis ecológica se traduce en cuestiones claves para la humanidad que apenas están presentes en la agenda política internacional: el cambio climático, la seguridad y soberanía alimentaria, la escasez de recursos y materiales indispensables para nuestra economía o la destrucción continua e irreparable de la biodiversidad.

La lógica capitalista de trabajo-producción-consumo se basa en un sistema explotador de personas y recursos naturales, en el que el único objetivo es el beneficio de unos pocos. Las políticas neoliberales e hiperproductivistas de las últimas 3 décadas han agrandado las desigualdades sociales y han acelerado la crisis ecológica hasta un punto de no retorno: el futuro de la sociedad depende de nuestra capacidad y voluntad de transformar el modelo de producción y consumo.

Las llamadas “políticas verdes” son las únicas que plantean propuestas más allá, por ejemplo, de mejorar los derechos sociales, asegurar el reparto de riqueza o lograr una producción más limpia. Estos son objetivos irrenunciables, por supuesto, pero por sí solos no hacen sino contribuir a perpetuar las bases sobre las que se asientan las múltiples crisis y no aseguran ni el presente de una parte de la población, ni el futuro más inmediato de las generaciones más jóvenes.

¿En qué se concretan las propuestas verdes? En construir un modelo que, en entre otras cosas, se base en:

  • La reducción del consumo de energía y abandono los combustibles fósiles como fuente de energía principal;
  • Una producción más eficiente en recursos y energías, primando la calidad y la sostenibilidad, frente a la cantidad;
  • Un modelo de producción de alimentos basado en la proximidad, la seguridad alimentaria (pesticidas, antibióticos, transgénicos) y la convivencia con los hábitats y biodiversidad local;

En definitiva, debemos asegurarnos de que el cambio confluyente también suma en verde. Solo así lograremos la transformación que reclamamos, y necesitamos, desde la ciudadanía.

#SumarBuenVivir

Quiero que desde EQUO también hagamos una campaña para #SumarBuenVivir al cambio. Para lograr la transformación que queremos es imprescindible poner la ética en el centro de nuestras acciones: el respeto y cuidado de la vida debe ser el objetivo de la sociedad, no la economía. La lógica del PIB debe dejar paso a la lógica de la libertad, la igualdad, la equidad y la solidaridad. Inevitablemente necesitamos construir, de forma democrática, sociedades democráticas que recuperen lo público, lo universal y lo gratuito.

¿Qué quiero decir exactamente cuando hablo de Buen Vivir?
Buen Vivir quiere decir derechos humanos, apoyados y ampliados con garantías sociales, económicas, ambientales. La base y objetivo de toda acción política deben ser los derechos, pero unos derechos y ampliados que incluyan la justicia social y también la ambiental. Esto incluiría la alimentación, el agua potable, la energía, la vivienda; un acceso universal y gratuito a la sanidad, educación y servicios sociales, el derecho a un medio ambiente sano, y a la cultura y el ocio, siempre desde el respeto a la diversidad.

Buen Vivir exige nuevo régimen económico: la primera premisa es que debe estar en armonía con la naturaleza, esto es respetar los límites del Planeta, teniendo como objetivo la dignidad humana y la calidad de vida de las personas. La apuesta es una economía social y solidaria con otros valores que la competencia y el beneficio económico, como por ejemplo la dimensión colectiva de las actividades económicas.

Por último, el Buen Vivir significa democracia, con una mayor participación y la promoción de las decisiones conjuntas y comunitarias, en detrimento de las minorías que hoy ejercen el poder: élites poĺíticas y económicas.

El Buen Vivir es por tanto lo opuesto a lo que nos ha traído aquí y es, sin duda, el horizonte al que nos debemos dirigir. Con ilusión. Con determinación.

#SumarBuenVivir para #SumarAlCambio

Más información sobre el Buen Vivir:
https://rosamartinez.org/el-buen-vivir-una-alternativa-al-capitalismo/