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El cambio será feminista o no será

Unas semanas antes de las elecciones Espacio Publico organizaba un debate entorno a la oportunidad de cambio del 20D. Invitada a participar constato que hasta la fecha de 22 participantes solo 3 son mujeres y que en las diferentes perspectivas y propuestas de cambio los derechos de las mujeres y la igualdad están ausentes. Tengo muy claro la orientación de mi participación al debate: el cambio será feminista o no será

Espacio Público (30/11/2015): http://www.espacio-publico.com/20-d-oportunidad-de-cambio#comment-5250

Unas semanas después la revista Trasversales recoge este mismo artículo en su número 36 bis, especial 20 Diciembre 2015: http://www.trasversales.net/t36bisrm.htm

 

 

 

Del activismo social al activismo político: las candidaturas municipalistas en España

Este artículo fue publicado por Green European Journal en Junio de 2015. Fue escrito junto con Florent Marcellesi con el objetivo de explicar a la familia verde europea los procesos de confluencia y configuración de candidaturas ciudadanas de cambio en las elecciones municipales de Mayo 2015.

Puedes leerlo en su fuente original en este enlace: http://www.greeneuropeanjournal.eu/from-social-activism-to-political-activism-citizen-candidates-to-local-elections-in-spain/?lang=spanish

* La imagen que acompña el post es parte de la campaña ciudadana Madrid con Manuela que surgió como apoyo a la campaña electoral de Ahora Madrid

 

El gobierno de la lista más votada: entre chapuza y cacicada

A lo largo de la legislatura han sido varias veces en las que el Partido Popular ha hablado de reformar la ley electoral para que gobierne la lista más votada. Que la última tenga lugar tras su conferencia política, nutrida de candidatos a alcaldías y presidencia más votados pero sin gobierno, tiene que ser simple casualidad. Salvo que, hayas perdido alcaldías como Madrid o Valencia y el gobierno de la Comunidad Valenciana y reproches a tu partido no haber legislado en favor de la lista más votada antes de las elecciones.

Esta feo eso de hacer leyes a medida, a la de tus amigotes pase (Reforma del sector energético, RD Autoconsumo, Reforma laboral, Ley de montes o de costas, etc.) pero las cacicadas son cosa de otro siglo. Salvo que, te llames Mª Dolores de Cospedal, o seas Ministro de Interior y creas que hay demasiadas libertades y derechos en este país como para que funcione decentemente.

La propuesta que ha trascendido a la prensa de que una lista con el 35% de los votos pase a gobernar automáticamente no hay por dónde cogerla. Salvo que, seas un partido que ronde ese porcentaje y que tengas al resto tan en contra que encuentren los suficientes puntos en común como para no dejarte seguir haciendo barbaridades.

Conceder el gobierno automáticamente a la lista más votada introduciría dos distorsiones en nuestro sistema político:

  • Por un lado, supondría modificar nuestro sistema parlamentario para que se pareciera a uno presidencialista, pero sin serlo. Esto es, tendríamos una presidencia del gobierno por decreto, pero no tendría el apoyo del parlamento para llevar a cabo su programa de gobierno. ¿Obligaría la ley a aprobar los presupuestos generales del estado en nombre de la estabilidad y la voluntad del 35% de los votantes?
  • Y por otro, le daría un carácter mayoritario a un sistema electoral proporcional, con ya de por sí con un fuerte sesgo que favorece a los partidos y listas mayoritarias. Es decir, que no importa por cuanto ganes: si ganas, tienes premio. ¿Se imaginan la legitimidad de un gobierno obtenido automáticamente con el 35,1% de los votos frente a otro partido que haya obtenido el 34,9%?

La manera en la que se distribuye el poder transformando los votos en representación es la clave de todo sistema político democrático. Nuestro sistema electoral diseñado en la transición tenía el objetivo de favorecer la estabilidad del sistema de partidos y evitar la atomización del mismo. Hoy está muy lejos de entroncar con la realidad política del país y las demandas de la ciudadanía del siglo XXI.

El “no nos representan” del 15M se puede aplicar perfectamente al sistema electoral español. Los cargos electos que salen de las elecciones no representan la pluralidad política y social que existe en nuestra sociedad. Se quedan con muy poca presencia en las instituciones, o simplemente fuera de ellas, opciones políticas que tienen un fuerte apoyo social, pero cuyo número de votos no pasa las barreras establecidas.

La reforma del Partido Popular contribuiría aún más a alejar a la ciudadanía de las instituciones. ¿De qué sirve votar si estás fuera de ese 35% de votantes ganadores? Siempre te queda la opción del famoso “voto útil” y votar al que ronda el 30% a ver si con un poco de suerte hay (re)cambio.

Esta ha sido la lógica mayoritaria en las pequeñas circunscripciones durante más de 30 años y es lo que ha consolidado el bipartidismo en nuestro sistema. Y si algo no quiere la ciudadanía es seguir consolidando la alternancia entre dos partidos similares que apuestan por el mismo modelo político, económico, social y ecológico que nos ha llevado a la crisis, que votan juntos a favor del TTIP en Europa y que se han limitado a apoyar la humillación a Grecia.

Legislar para favorecer a la lista más votada es un intento zafio y burdo de querer mantener un sistema político cuya crisis es reflejo de la crisis de sistema y de modelo que vivimos. Hay quien no se ha enterado de que el proceso de transformación que hemos puesto en marcha en todos los niveles, es imparable. Salvo que dejemos de creérnoslo.

 

Este artículo ha sido publicado originalmente en eldiario.es (16/07/2015)

#SumarDemocracia

La crisis democrática no es algo exclusivamente de nuestro país. La deconstrucción de la democracia es un requisito previo a la imposición de la austeridad y el desmantelamiento del estado del bienestar. (Re)construir una democracia participativa es el primer paso para transformar el sistema.

La pérdida de la soberanía de las personas, y por tanto de las instituciones que son depositarias, es más que evidente en todo el mundo. La tendencia en las democracias occidentales es ir restringiendo cada vez más la participación ciudadana y el control legislativo sobre el ejecutivo. Las decisiones con mayor impacto en la vida de las personas están en muy poquitas manos: multinacionales y élites políticas. Y el mejor ejemplo es el TTIP, el tratado UE-EEUU que subordina la soberanía y las decisiones democráticas al beneficio comercial.

Sin embargo, nuestro sistema político tiene sus propias limitaciones, rasgos y deficiencias democráticas que han alejado la política y las políticas de la ciudadanía, y que deben ser abordadas con urgencia como parte de la transformación a la que aspiramos:

  • La corrupción como un mal estructural de la administración y las instituciones públicas. La transparencia en las cuentas y procesos de contratación, con mecanismos adicionales que controlen la gestión de lo público debe ser una prioridad.
  • Un funcionamiento de los partidos políticos anclado en la cultura política transición. Urge la democratización y apertura de los partidos tradicionales, y un replanteamiento del rol de los mismos en la política, su funcionamiento y financiación.
  • Un sistema electoral diseñado para mayorías electorales y alternancia bipartidista, que no representa la diversidad política ni ideológica de la sociedad, basado en circunscripciones electorales del siglo XIX y que no se adecuan a la distribución de población actual.
  • La ausencia de una sociedad civil fuerte, numerosa y organizada que controle la acción política, exija mecanismos de participación y sepa y quiera utilizarlos.

Democracia no es solo votar cada cuatro años, es también participar en los procesos de toma de decisión. Pero lo es también que los mecanismos del sistema impidan nítidamente la desviación de la acción política hacia intereses particulares.

La transformación necesita apoyarse en una nueva concepción de la política, pero también del funcionamiento del sistema político y de las instituciones. Imprescindible #SumarDemocracia

8M: Mayor participación política

Artículo publicado en El Diario de Córdoba (04/03/2015)

Como todos los años por estas fechas los medios se llenan de artículos y reportajes sobre la mujer y su situación en el mundo. Existe una marea informativa que pone excepcionalmente los derechos de las mujeres en todas las portadas.

A punto de comenzar la campaña electoral en Andalucía, nos parece más que relevante aprovechar este hueco que los medios nos dejan a las mujeres para poner sobre la mesa el problema. Sí, porque, lo queramos ver o no, la menor participación política de las mujeres es un problema de democracia y de igualdad.

Siendo la mitad de la población, en un contexto donde la educación y los valores sociales fueran igualitarios, por pura estadística los partidos políticos, los ministerios, el congreso, los sindicatos y los movimientos sociales deberían estar mucho más equilibrados en cuanto a número de hombres y mujeres. Y no lo están, no solo en el número, sino también y más escandalosamente en los puestos de responsabilidad y poder. Se ha hablado mucho de la ausencia de mujeres en el Gobierno de Grecia, pero ¿y aquí? ¿Podemos afirmar que seamos un ejemplo de igualdad en cuanto a la participación política de las mujeres? No lo creo.

Se ha escrito mucho sobre las razones de la menor presencia de las mujeres en política, desde el estereotipo del «menor interés de las mujeres por las cuestiones públicas» o el eterno lastre de las mujeres para conquistar el espacio público: «la conciliación». No es una cuestión baladí y por ello debemos recordar por qué es importante fomentar y asegurar una participación de la mujer en la política institucional.

Mientras el porcentaje de participación de la mujer no se aproxime a su peso porcentual en el total de la población (¡51%!) habrá que seguir hablando de barreras y desigualdad. Si realmente queremos una nueva cultura política, hay que poner los medios necesarios para eliminar obstáculos y facilitar esa participación.

A día de hoy, la principal vía de acceso a la política son los partidos políticos. Por este motivo, son los propios partidos los que tienen la responsabilidad y el deber de trabajar para facilitar la presencia de las mujeres en sus filas, no sólo en número sino también en visibilidad, responsabilidad y liderazgo. La paridad en los órganos de gestión y dirección sigue siendo una excepción en nuestro sistema político, y solo EQUO funciona con una doble portavocía paritaria.

El próximo día 22 Andalucía votará su Parlamento y con él, la Presidencia de la Junta. De los principales partidos con representación parlamentaria o posibilidades de obtenerla sólo hay dos mujeres candidatas: Susana Díaz (PSOE) y Teresa Rodríguez (Podemos). Y de estos mismos grupos, solo IU y Podemos presentan el mismo número de cabeza de lista mujeres que hombres.

En una sociedad donde las mujeres parten de una desigualdad tan clara en tantos ámbitos de la vida, lo raro sería que precisamente fueran iguales en el acceso al poder desde el que poder revertir esta situación. Si hablamos de derechos e igualdad de las mujeres, hemos de hacerlo también desde el derecho a participar y contribuir desde la política institucional. En plena campaña electoral, reivindicamos mayor participación política de las mujeres. Porque la menor presencia en número y cargos de responsabilidad no es fruto del azar o de la menor preparación, sino otra manifestación de la desigualdad que las mujeres sufrimos por el mero hecho de serlo.

* Coportavoz federal de EQUO. Firma también este artículo Carmen Molina, coportavoz de EQUO Andalucía y candidata de Podemos por Málaga